Pues sí, finalmente tras tanto viajecito a Madrid, seguido de una estancia en un zulo que alcanzaba los 34º en la noche Madrileña, eso sí, me dio la oportunidad de conocer lo mejor de Madrid, ir de cañas con los compañeros de beca.
Pero al fin, estoy en Sao Paulo, la ciudad es una megalopolis brutal, buena prueba de ello es la vista que tengo desde mi habitación, el paisaje es el habitual en la ciudad, prácticamente estés dónde estés todo son edificios altísimos o “casitas”. Tan pronto ves un edificio de 23 pisos, como una casita de un particular al lado, un bar de una planta baja, o una “boutique”.

Vistas desde la habitación
Las calles son cada una de su padre y de su madre, no tiene nada que ver una calle con otra, algunas aceras son de adoquines, en otras es cemento puro, en otras de cuadraditos pequeños, el asfaltado de las calles es muy irregular, y los semáforos de los cruces, están situados tras el cruce, así que al mirar si puedes cruzar, porque por supuesto los semáforos para peatones son prácticamente inexistentes; pues tienes que mirar ahí todo loco para todos lados.

Semáforo en cruce